¿Cuándo es el mejor momento para apuntarse a una academia?
Cuando comienza un nuevo curso, es muy común pensar que aún hay tiempo de sobra. Acaban de empezar las clases, los primeros exámenes están lejos y parece que aún habrá tiempo para organizarse.
El problema es que el curso avanza más rápido de lo que se cree.
Cuando llega el primer examen, pueden aparecer las primeras dificultades. Luego viene otro tema, otro examen y, sin darte cuenta, estás intentando recuperar contenido que se ha acumulado durante meses.
Por eso, si un estudiante necesita clases particulares o ayuda en una materia, empezar desde el inicio del curso suele ser una buena opción. No solo porque permite estar al día con las materias, sino también porque da tiempo para detectar y resolver problemas antes de que se hagan más grandes.
En muchas materias, especialmente en Matemáticas, Física o Química, los temas están relacionados entre sí. Lo que se aprende en septiembre sirve para lo que se trabajará en octubre y para temas más complejos después.
Hay alumnos que se piensan que esa cosa que no han entendido, con suerte, nunca más la van a volver a necesitar, y generalmente es al revés. Sobretodo en matemáticas, el contenido es piramidal, cada curso es la base sobre la que se construye el siguiente, y se acentúa en los cursos superiores. Ese contenido atravesado puede suponer que se desmorone un año completo.
Empezar desde el principio permite trabajar cada tema en su momento y resolver dudas cuando surgen. El estudiante puede seguir el ritmo de su clase y, si necesita reforzar algo, hay espacio para hacerlo sin tener que dedicar semanas enteras a recuperar el temario.
Además, tener una rutina desde septiembre ayuda a que las clases formen parte del día a día y no se conviertan en una solución de último momento antes de los exámenes.
Otra situación común es empezar las clases cuando el estudiante ya lleva varios meses con dificultades.
En ese momento, a veces no es suficiente explicar solo el tema que lleva en el instituto.
Puede que para entenderlo necesite repasar contenidos anteriores. Y para esto hay que identificar qué es lo que no domina bien.
Esto ocurre mucho en materias acumulativas. Por ejemplo, si un estudiante tiene problemas con las ecuaciones, quizás el problema no esté en las ecuaciones en sí, sino en operaciones anteriores que no domina bien.
Con frecuencia hay que remontarse a contenidos de uno o varios años atrás. Y lo peor en estas situaciones es descubrirlo tarde. Hacer ese descubrimiento en septiembre es el mejor de los males. Pero si ese descubrimiento se hace en mitad de la vorágine del curso, porque va a requerir un gran esfuerzo por parte del alumno.
Si empezamos en septiembre, tenemos todo el curso para hacerlo. Si empezamos en enero, tendremos que repartir el tiempo entre recuperar lo anterior y seguir con lo que se da en clase.
A veces se ve la academia como un recurso que se usa cuando las notas ya van mal. Y, claro, las clases de apoyo pueden ayudar mucho en ese momento.
Pero no es necesario llegar a ese punto.
Un estudiante puede aprobar y, sin embargo, tener dificultades. Puede necesitar demasiado tiempo para estudiar, no entender algunos conceptos o tener una nota que esté por debajo de lo que podría conseguir con una buena base.
También puede ocurrir que simplemente quiera mejorar sus resultados o prepararse mejor para un curso difícil.
En esos casos, empezar desde el principio permite trabajar con más calma. Hay tiempo para descubrir lo que necesita el estudiante, crear una rutina y corregir lo que podría convertirse en un problema más adelante.
Muchas familias descubren cuando quieren apuntarse a una academia a mitad de curso que puede que ya no haya plaza.
En Copiota tenemos estudiantes que siguen con nosotros durante varios cursos. Algunos empiezan en ESO y luego continúan en Bachillerato; otros siguen porque han encontrado una forma de estudiar que les funciona.
Esto hace que las plazas disponibles al comienzo del curso se vayan ocupando poco a poco. Además, cada grupo depende de los horarios y de la disponibilidad de los profesores, así que no siempre podemos crear nuevas plazas cuando alguien las necesita.
Por eso puede ocurrir que una familia decida en diciembre querer empezar clases y no encuentre un horario disponible.
No significa que sea imposible empezar más tarde. Si hay disponibilidad, el estudiante puede incorporarse en cualquier momento del curso. Pero empezar pronto aumenta las posibilidades de encontrar la plaza y el horario que mejor se adapte a cada caso.
No hay una fecha fija para todos los estudiantes. Cada situación es diferente y no todos necesitan el mismo tipo de apoyo.
Pero si en el curso anterior hubo dificultades con una materia, si ya sabes que ciertas asignaturas cuestan o si quieres empezar el nuevo curso con un seguimiento más constante, septiembre es una buena opción.
Así podemos conocer al estudiante desde el principio, ver cómo enfrenta los nuevos temas y detectar dificultades antes de que se acumulen.
También permite que el trabajo de las clases tenga continuidad durante todo el curso, en lugar de concentrarlo en las semanas antes de los exámenes.
Si estás pensando en apuntarte a una academia de refuerzo o a clases particulares online, no es necesario esperar a que aparezca el primer suspenso para tomar una decisión.
Empezar desde el principio permite trabajar con más margen, reforzar las bases necesarias y acompañar al estudiante durante todo el curso.
Y en el caso de Copiota, hay una razón más para no esperar a diciembre: las plazas son limitadas y nuestros estudiantes recurrentes ocupan buena parte de ellas cada curso.
Si sabes que este año necesitas ayuda, puedes consultar aquí la disponibilidad y encontrar el horario que mejor se adapte a ti.
Porque cuando llega un examen, lo último que deberías preocuparte es intentar aprender en dos semanas todo lo que no has podido construir durante los meses anteriores.
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