MÉTODO COPIOTA:
entender cómo aprende cada alumno para enseñarle mejor
Cada alumno parte de un punto diferente, aprende a un ritmo diferente y puede necesitar estrategias diferentes para llegar al mismo objetivo.
Por eso, en Copiota empezamos por comprender qué sabe, qué necesita y cómo está construyendo su aprendizaje. A partir de ahí, adaptamos la enseñanza, acompañamos la práctica y comprobamos que lo aprendido se convierte poco a poco en autonomía.
¿QUÉ OCURRE CUANDO
UN ALUMNO NO ENTIENDE ALGO?
Antes de decidir cómo enseñar un contenido, necesitamos entender cómo está aprendiendo el alumno.
El profesor presta atención a mucho más que una respuesta correcta o incorrecta: cómo razona, cómo interpreta un problema, qué conocimientos utiliza, qué estrategias emplea, dónde encuentra dificultades, cómo responde ante los errores o qué grado de autonomía va desarrollando.
Cada clase aporta información para comprender mejor cómo aprende el alumno y, de esa forma, podemos adaptarnos y trazar un plan personalizado a las necesidades de cada uno.
NO EMPEZAMOS ENSEÑANDO, EMPEZAMOS ENTENDIENDO
El diagnóstico no es solamente una prueba inicial
En Copiota no nos conformamos con saber qué nota tiene un alumno o qué curso está haciendo.
Nosotros queremos saber qué sabe, qué no sabe, cómo interpreta un enunciado, qué errores repite, cómo utiliza los conocimientos anteriores y qué grado de autonomía tiene.
Si no entiendes las integrales quizá el problema no sean las integrales
Un contenido nuevo suele apoyarse en conocimientos anteriores. Por eso, cuando detectamos una dificultad, no damos por hecho que el problema está en el tema que estamos trabajando.
Buscamos qué conocimiento falta y retrocedemos hasta encontrar un punto sólido desde el que volver a avanzar.
Adaptamos la enseñanza al alumno
Si una explicación no funciona cambiamos la explicación
Sabemos que cada alumno aprende de manera diferente. Por eso, si algo no funciona el profesor puede cambiar el ejemplo, el lenguaje, la representación, el nivel de abstracción, el orden de los pasos o la forma de practicar. Y, si es necesario, volver a un conocimiento anterior.
Nuestro objetivo es que el alumno acabe la clase siendo capaz de explicarlo él mismo. Esa es la prueba del algodón.
Learning by doing
Metodología que consiste en adquirir conocimientos a través de la práctica directa, la experiencia y la resolución de problemas reales, sustituyendo la teoría pasiva por la acción.
Learning by teaching
Estrategia basada en aprender un tema para explicárselo a otros, lo que te obliga a simplificar conceptos, detectar lagunas de conocimiento y consolidar un dominio profundo de la materia.
UNA METODOLOGÍA QUE NOS OBLIGA A
SEGUIR APRENDIENDO
La metodología evoluciona porque también observamos nuestro propio trabajo.
Nuestros profesores siguen formándose, compartimos experiencias y nos reunimos para poner en común lo que ocurre en las clases, qué dificultades encontramos y qué estrategias pueden funcionar mejor.
SEGUIMOS APRENDIENDO A ENSEÑAR
APRENDER CON DIFICULTADES ESPECIALES
PREGUNTAS FRECUENTES
¿La metodología es igual para todos los alumnos?
El Método Copiota parte de unos mismos principios, pero la forma de aplicarlos se adapta a cada alumno. Cada estudiante tiene unos conocimientos previos, un ritmo de aprendizaje, unas dificultades y unas fortalezas diferentes, por lo que el profesor necesita tomar decisiones distintas en cada caso.
Durante las clases observamos cómo razona, qué estrategias utiliza, qué conceptos domina y dónde aparecen las dificultades. Con esa información podemos ajustar el nivel, el ritmo, los ejemplos, la forma de explicar y la práctica.
Por eso hablamos de una metodología común con una enseñanza personalizada: los principios son los mismos, pero el camino de cada alumno es diferente.
¿Qué hacéis en la primera clase?
La primera clase sirve para empezar a conocer al alumno y comprender desde qué punto parte. El profesor explora sus conocimientos, observa cómo resuelve diferentes situaciones y detecta qué aspectos conviene trabajar.
Este primer diagnóstico no consiste únicamente en comprobar si conoce determinados contenidos. También nos interesa saber cómo razona, cómo interpreta los ejercicios, qué estrategias utiliza, cómo afronta una dificultad y qué grado de autonomía tiene.
A partir de esta información podemos comenzar a trabajar desde el primer momento y establecer las primeras prioridades. Además, el diagnóstico continúa durante las siguientes clases, porque el aprendizaje nos permite descubrir nuevas necesidades y ajustar el trabajo sobre la marcha.
¿Qué pasa si mi hijo tiene lagunas de años anteriores?
Los conocimientos se construyen unos sobre otros, especialmente en asignaturas como Matemáticas, Física o Química. Cuando aparece una dificultad, buscamos qué conocimientos anteriores pueden estar relacionados con ella.
Por ejemplo, una dificultad con las integrales puede estar relacionada con conceptos de derivadas, funciones o álgebra. Identificar esa conexión permite trabajar exactamente sobre el punto que está dificultando el aprendizaje.
El objetivo es recuperar lo necesario para seguir avanzando con una base más sólida. No se trata de volver a recorrer todo lo anterior, sino de encontrar y reforzar la pieza que el alumno necesita en ese momento.
¿Qué pasa si mi hijo no está motivado?
La motivación forma parte del proceso de aprendizaje y también del conocimiento que el profesor adquiere sobre cada alumno.
Intentamos comprender qué quiere conseguir, qué objetivos son importantes para él, qué expectativas tiene y qué avances puede reconocer. A partir de ahí, trabajamos con objetivos concretos y alcanzables que permitan percibir el progreso.
Además, la propia experiencia de aprender puede transformar la motivación. Cuando un alumno consigue resolver algo que antes consideraba imposible, empieza a cambiar también la percepción que tiene sobre sus propias capacidades.
Por eso, la motivación y el aprendizaje se retroalimentan: encontrar un motivo para aprender puede impulsar el proceso, y experimentar avances puede generar nuevos motivos para seguir aprendiendo.
¿La metodología funciona también en clases grupales?
Sí. Los principios del Método Copiota también pueden aplicarse en grupos, siempre que la composición y el funcionamiento del grupo permitan que el aprendizaje compartido aporte valor.
Trabajar con otros alumnos abre oportunidades para el aprendizaje cooperativo y dialógico: comparar diferentes estrategias, explicar un razonamiento, escuchar otras formas de resolver un problema, defender una respuesta o detectar un error en el razonamiento de otra persona.
Además, cuando un alumno alcanza un nivel suficiente de dominio, puede utilizarse el learning by teaching, explicando un contenido a otro compañero. Este proceso le obliga a ordenar sus ideas, justificar sus pasos y comprobar hasta qué punto comprende realmente lo que está explicando.
La clave está en que el grupo participe activamente en el aprendizaje y que cada alumno siga teniendo un papel protagonista en su propio proceso.
¿Cómo comprobáis que realmente ha aprendido?
Llegar a una respuesta correcta es una parte del aprendizaje, pero queremos conocer también cómo ha llegado el alumno hasta ella y si puede utilizar lo aprendido en situaciones diferentes.
Por eso observamos cómo aplica los conocimientos, cómo razona, qué decisiones toma, cómo identifica sus propios errores y cómo explica con sus palabras lo que está haciendo.
También utilizamos preguntas, práctica y situaciones nuevas que permiten comprobar si el conocimiento se mantiene y puede transferirse a otros problemas.
Cuando un alumno puede utilizar una idea, justificarla, explicarla y aplicarla en un contexto diferente, tenemos mucha más información sobre su verdadero nivel de comprensión.
Aprender significa poder hacer algo con lo aprendido, no únicamente reconocer una respuesta correcta.
¿Todos los profesores trabajan con el Método Copiota?
odos los profesores que forman parte del equipo Copiota son seleccionados y formados para trabajar de acuerdo con los principios de nuestra metodología.
Para nosotros, ser un buen profesor va más allá de dominar una asignatura. También implica saber observar al alumno, hacer preguntas, escuchar sus razonamientos, identificar qué necesita, adaptar una explicación, utilizar los errores como información y favorecer progresivamente su autonomía.
Además, la formación no termina cuando un profesor comienza a dar clases. El equipo continúa compartiendo experiencias, revisando situaciones reales y aprendiendo unos de otros.
La metodología también se aplica a quienes enseñan: seguimos aprendiendo a enseñar para poder acompañar mejor a nuestros alumnos.